El Adarve

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2003-12-17

El Cuarto Mago de Oriente

Podemos imaginarnos a Artabán (que así se llamaría el cuarto Rey) en el vigor sereno de la treintena, aplacados ya los ímpetus juveniles, cuando descubre, entre el alfabeto vertiginoso de la noche, la estrella que anuncia al Mesías. Artabán es cetrino de piel, de rasgos ávidos y ojos muy oscuros, calcinados en el escrutinio celeste. Sobrevive en las soledades del monte Usiíta, donde se dedica a desentrañar los oráculos de Zoroastro que pregonaban el advenimiento de un Socorredor que “hará la existencia radiante, sin envejecimiento, inmortal, incorruptible, inmarcesible, eternamente próspera” (Himno Zamyad Yasht 19,89-93). Artabán ya se dispone a seguir el itinerario de la estrella cuando, hasta la falda del monte Ushita, llegan emisarios de Melchor, Gaspar y Baltasar, sus amigos babilonios, citándolo en Borsippa, la ciudad sagrada del dios Nabu, en cuyo honor los antiguos habían erigido un zigurat de siete pisos, demolido por la insania de los medos. Antes de partir a Borsippa, Artabán elige cuidadosamente las ofrendas que depositará a los pies del Socorredor: un diamante de la isla de Méroe, que repele los golpes del hierro y neutraliza los venenos; un pedazo de jaspe de Chipre, amuleto que infunde el don de la oratoria; y un rubí de las Sirtes, cuyo fulgor disipa las tinieblas del espíritu. Artabán espolea su caballo, sin dejarlo abrevar en las afiladas aguas del Éufrates, y cabalga sin descanso hasta que, a las afueras de Borsippa, se tropieza con un hombre agonizante y desnudo. Se trata de un comerciante que ha sido desvalijado por unos ladrones y después vapuleado hasta la extenuación. Artabán lava con vino sus heridas y entablilla sus huesos tronzados. Cuando, horas más tarde, el viajero recupere la consciencia y confiese que los ladrones lo han desposeído de todos sus caudales, Artabán se apiadará de él y le regalará el diamante de Méroe que reservaba para el Socorredor.


Cuando llega a Barsippa, la noche ya desciende como un inmenso párpado acribillado de luciérnagas. Artabán sortea la sombra enhiesta de los obeliscos, el ruinoso desorden de los templos sin culto, y rodea las paredes del decrépito zigurat en cuyo interior podría haber anidado el Minotauro. En un zaguán descubre un pergamino con una inscripción todavía reciente: “Te hemos esperado en vano. No podemos dilatar más nuestro viaje. Síguenos a través del desierto. Que la estrella te guíe”. Azuza su caballo, que responde con un resoplido de agonía: los espumarajos asomaban a sus belfos, y en su mirada se avecina la muerte. Artabán acaricia los ijares todavía humeantes de su montura y prosigue el camino a pie. El desierto, más infinito e intrincado que cualquier zigurat, acoge sus pasos y lo increpa con tormentas de arena que apuñalan su rostro y su fortaleza. Aunque las huellas de la comitiva de Melchor, Gaspar y Baltasar se han borrado, no extravía su rumbo, gracias al resplandor insomne de la estrella. Cuando, andrajoso y famélico, llega a Belén de Judá, Artabán no encuentra señal alguna de los magos que le han precedido. En su lugar, se topa con la crueldad desatada de Herodes, que ha ordenado el exterminio de los varones recién nacidos, para combatir los augurios que lo asedian. Con innumerable espanto, Artabán contempla el exterminio de los inocentes, y se abalanza sobre un soldado que se dispone a saciar la sed de su espada en la sangre de un niño que aún no ha aprendido a llorar. A cambio del rubí que reservaba para el Socorredor, logra aplazar la furia del soldado, pero un capitán de Herodes lo sorprende en plena transacción, y ordena que lo encierren en las mazmorras del palacio de Jerusalén, donde Artabán padecerá una condena interminable de más de treinta años, millonaria de padecimientos que van apolillando su organismo y también su cordura. En medio de las tinieblas de su encierro, aún acertará a escuchar rumores sobre un Galileo que sana a los enfermos y alivia los corazones atribulados. Confusamente, intuye que ese Galileo debe ser el Socorredor que un día remoto quiso honrar con sus regalos.


Artabán, agotando las últimas reservas de lucidez, escribe al procurador Poncio Pilatos, suplicando la redención de sus culpas. Cuando por fin le es otorgado el perdón, Artabán fatiga las tumultuosas calles de Jerusalén tambaleándose como un resucitado, con los ojos nublados de sol y los labios huérfanos de saliva. Una riada de gentes se dirige al Gólgota, para presenciar la crucifixión de un profeta que ha osado blasfemar contra Dios, según el veredicto del Sanedrín. Artabán se deja arrastrar por la multitud, pero se detiene a recuperar el resuello en una plaza protegida de la inclemencia solar donde se está subastando como esclava a una doncella de cabellos de fuego, esbelta como el agua subterránea. Artabán, hondamente conmovido, escarba entre sus andrajos y se decide a comprar la libertad de la muchacha con el pedazo de jaspe que ha custodiado, durante más de treinta años, con la exigua esperanza de podérselo entregar algún día a ese escurridizo Socorredor responsable de su infortunio. La muchacha besa sus arrugas y sus labios ardidos de decrepitud, en señal de agradecimiento, cuando, de repente, la tierra tiembla y el velo del templo se rasga y los sepulcros se abren y una piedra golpea en su caída a Artabán, que entre las telarañas de la inconsciencia aún acierta a vislumbrar la figura de un hombre que aproximadamente tiene la misma edad que él tenía cuando, para su desgracia, abandonó las laderas del monte Ushita. Artabán contempla las facciones pacíficas de aquel hombre, su mirada sufriente y sin embargo impávida, y escucha su voz descendiendo como un bálsamo: “Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán parpadea, perplejo o desmemoriado: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, pregunta, a punto de desfallecer, mientras se mira las manos vacías de rubíes y diamantes y pedazos de jaspe, como una cosecha esquilmada. La muerte ya le borra la respiración cuando el hombre de voz como un bálsamo le susurra: “Cuanto hiciste por hermanos, lo has hecho por mi”.


Y Artabán, el cuarto mago de Oriente, se fundió con las estrellas en cuyo escrutinio había calcinado la juventud.


Espero que os haya gustado esta bella historia..
Mis saludos y mis mejores deseos para todos

En el Adarve a las 00:23 | Jota | 22 Comentarios | #



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Comentarios

1
De: andrea Fecha: 2005-12-29 17:06

bella historia



2
De: Mirna Ortega Fecha: 2006-01-07 20:47

llore al leer tan fabulosa
historia del cuarto rey mago.
gracias por los detalles.



3
De: Roberto Fecha: 2006-01-15 01:29

Andrea y Mirna es bueno saber qeu aun existen personas con la capacidad de llorar y sabe rapreciar una bella historia



4
De: Miguel Angel Fecha: 2006-12-07 17:06

Es una historia fabulosa, la cual ha fortalecido mi fe, en verdad me ha conmovido, no cabe duda que esto me ha permitido fortalecer mi amor por dios, mil gracias.



5
De: elisa ojeda Fecha: 2006-12-16 01:55

Estoy buscando una historia mas amplia acerca del cuarto rey mago x q yo se que sí existió estoy segura de eso, pero esta historia me ilustró un poco mas de lo que ya sabía, gracias



6
De: Mirna Maritza Ortega Fecha: 2007-01-06 17:24

Me encanta esta historia. Este año se la he de mandar a otros que la lean y disfruten al igual que yo lo hize el añno pasado. Me hace sentir tan bien porque se que no es importante llegar primero, pero llegar. No importa cuan tarde sea, nunca es demasiado tarde para lo bueno que te llegue en la vida. Todo tiene su momento. Hay que tener fè, eso es todo.



7
De: Tia Maritza Fecha: 2007-01-06 17:31

Que bueno que este año mi hermana Mireya le ha de leer este cuento tan maravilloso a los hijos de ella Luis Martin y Kevin Barry Panzer. El año pasado llore, este año fui mas fuerte al re-leerlo y llore con mucha mas comprension.



8
De: Manuel Silvetti Fecha: 2007-01-08 03:26

Hace muchos años escuche por la lejana Cadena Caracol una emicion Radial con con una Historia parecida a esta y nunca mas la escuche agradezco poder volver y tenerla.soy de Cordoba en la Republica Argentina.
Atte Manuel Silvetti



9
De: Manuel Silvetti Fecha: 2007-01-08 03:26

Hace muchos años escuche por la lejana Cadena Caracol una emicion Radial con con una Historia parecida a esta y nunca mas la escuche agradezco poder volver y tenerla.soy de Cordoba en la Republica Argentina.
Atte Manuel Silvetti



10
De: Anónimo Fecha: 2007-01-09 03:18

LINDA



11
De: UNA FIEL CRISTIANA Fecha: 2007-01-09 03:19

HERMOSA ME ENCANTO QUERIA LLORAR PERO NO ME SALIERON LAS LAGRIMAS



12
De: Germán Fecha: 2007-12-08 05:15

esa película es muy linda. como poder conseguirla?



13
De: CARLOS Fecha: 2007-12-27 01:58

ES UN HISTORIA BELLISIMA... NUNCA PENSE QUE UNA HISTORIA ME PUDIERA CONMOVER TAMTO... DE VERDAD NOS ENSEÑA QUE LOS VERDADEROS REGALOS PARA DIOS SON NUESTRAS ACCIONES Y NO NUESTRAS POSESIONES... QUE DIOS LOS BENDIGA



14
De: mixy Fecha: 2008-03-18 04:20

hace tiempo vi la pelicula y la verdad que me hizo llorar me conmovio , me gustaria volver a verla pero el video se extravio si alguien tiene la pelicula please envienmelo a mi correo



15
De: angel sanchez rios Fecha: 2008-04-08 21:22

Es la primera vez que leo esta historia, es muy hermosa e interesante, aun dentro de las vicisitudes de la vida; el dar es mejor que recibir. La recompensa sera ver a Jesús y sonreir con El. Gracias por ayudarnos a vivir mas con Jesús



16
De: santiago Fecha: 2008-06-12 22:29

q historia tan remala no la deberian poner en internet que voleta



17
De: Manuel Silvetti Fecha: 2008-09-04 13:44

El Comentario Numero 16 de un Sr Santiago, del 2008-06-12 a las 22.29 Hs, muchas veces no se sabe a quien se Ofende, pero encontrarlo es mas facil de lo que cree, le pediria que se disculpe, por una cuestion de tranquilidad futura, si Ud. cree que Internet es el Anonimato total, esta equibocado. ahora haga ejercisios, no vaya a ser que tenga una eternidad para Descansar.
Manuel Silvetti



18
De: Manuel Silvetti Fecha: 2008-12-01 16:31

Ha pasado el Tiempo y siempre ingreso a su Pagina para leer esta Historia, porque mas alla de la veracidad o no que tenga, por si sola Esta, es un Balsamo para el Espiritu. El quehacer cotidiano nos enfrenta a la Realidad, encontrar Algo Asi nos deposita en el sociego mas placentero aunque sea un momento



19
De: dANIEL Fecha: 2008-12-09 21:56



20
De: dANIEL Fecha: 2008-12-09 22:05

DANIEPA_10@HOTMAIL.COM AGREGEN



21
De: dANIEL Fecha: 2008-12-09 22:34

ESTUPIDA HISTORIA DEL DIABLO



22
De: MManuel Silvetti Fecha: 2008-12-09 22:47

ESTUPIDA HISTORIA DEL DIABLO



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